martes, 17 de marzo de 2015

Historia breve de una tragedia planificada

Gloria y ocaso de Epecuén


Flamencos en la Laguna de Epecuén

Por Roberto Famá Hernández

Florentino Ameghino ya lo había advertido a fines del siglo XIX ; él hablaba de hemiciclos húmedos y hemiciclos secos, 50 años cada uno, y no se equivocó; en los años 20 empezó el hemiciclo seco que duró hasta los años 70. Se refería a las "Lagunas Encadenadas del Oeste" de la Provincia de Buenos Aires; Alsina, Cochicó, Del Monte, Venado, Epecuén y algunas más pequeñas, que funcionaban como un sistema cerrado (endorreíco) es decir que todo el derrame pluvial de miles y miles de hectáreas llegaba a las lagunas a través de arroyos o por absorción del suelo, pero por ser un sistema cerrado no evacuaban a ningún mar ni río, perdían volumen sólo por evaporación o en los hemiciclos húmedos desbordando e inundando campos fértiles, que podían usarse sólo y eventualmente para ganado, pero nunca para siembra, justamente, por estas inundaciones durante los hemiciclos húmedos y profundas sequías en hemiciclos secos. 

La Laguna de Epcuén, habitat natural de flamencos, con más contenido de sal que las aguas de cualquier mar, con azufre, hierro, y otros minerales, a diferencia de las demás lagunas, se había desarrollado como destino turístico desde enero de 1921, aunque ya era refugio de aquellos que buscaban alivio para problemas de huesos, articulaciones o piel, desde que en 1909 científicamente se reconocieron sus propiedades curativas. Tres líneas de ferrocarriles, el Sarmiento, el Midland y el Ferrocarril del Sur trasladaban a miles y miles de turistas hasta la Villa Turística de Epecuén o a la cercana Carhué distante a menos de 13 km. 


En los años 70 llegó a contar con una capacidad hotelera de 5.000 camas en 220 establecimientos, algunos de ellos de gran lujo, con cubiertos de plata y loza inglesa. El Hotel Gorostegui contaba con una lancha propia para 35 pasajeros que disfrutaban paseando por los 160 km2 del la laguna. El Hotel Las Delicias, uno de los pioneros, era el preferido por artistas como Luis Sandrini. 


La maravilla del Complejo Municipal se inauguró en 1968, se trataba de un complejo de agua dulce de 1600 mts2 con dos piletas unidas de 25 y 50 metros de largo, duchas, vestuarios, gastronomía, etc.  Además, modernas confiterías, restaurantes, algún lugar bailable, rotiserías y comercios de todo tipo había en la Villa Epecuén que, con menos de 1.500 habitantes estables atendían a más de 25.000 turistas de todas las edades cada temporada. Se había instalado también un asilo de ancianos, que en tiempos del General Perón fue transformado en un hospital gratuito para enfermos de todo el país que necesitaban de las aguas que prometían sanación, pero no tenían dinero con qué pagar. 
Algún club deportivo y espacios gremiales se hicieron su lugar.  La Villa Lago Epecuén eran un boom turístico que no paraba de crecer y nadie recordaba lo que había advertido Ameghino; hemiciclos, 50 años de sequías, 50 años de inundaciones.




En la década del 60 se producen grandes sequías y las lagunas encadenadas van quedando con muy poca agua. En las de Cochicó, Monte y Alsina la pérdida de agua hacía imposible la pesca comercial, los ganaderos y grandes terratenientes de las zonas de Daireaux, Bolivar y Lamadrid presionaron a los gobiernos municipales de Guamini y Alsina  para la construcción de canales que lleven agua hacia sus campos y los libre para siempre de inundaciones o sequías. Los hoteleros de la Villa Epecuén se sumaron a la idea porque la falta de agua obligaba a los turistas a ir hasta el centro de la laguna para poder bañarse y eso les desmejoraba la temporada.

Así las cosas, en 1965 se inició la construcción del Canal Ameghino. Parece ser que el nombre le daba prestigio a la obra, aunque claro está, no se consideraba lo que el mismo Ameghino había advertido; los hemiciclos y que las aguas debían controlarse en su naciente y no en su curso.  La mayor obra hidráulica de la provincia, con 92 km de longitud, que sumaba agua del arroyo Vallimanca a la cuenca de las lagunas del oeste, consistía básicamente en que cada laguna descargaba sus aguas en la de más abajo,  pero la Laguna de Epecuén era la última, recopilaría el sobrante de aguas de toda la cuenca y no tendría descarga alguna; un disparate si no se lo limitaba a un cierto nivel. Se inauguró en setiembre del 75; muy pocos meses antes del inicio de la dictadura cívico militar genocida, que usurpara el poder en marzo de 1976. Ya en 1978, cuando el hemiciclo húmedo había comenzado y gobernaba la provincia el genocida Ibérico Saint Jeans, las protestas para que se cierre el ingreso de agua del Ameghino fueron acalladas con desapariciones y torturas.
¿Por qué tan obstinada negativa gubernamental? Es que aquellos campos que antes eran dedicados sólo eventualmente a la ganadería porque tenían inundaciones y sequías periódicas, ahora eran propiedad de latifundistas que quintuplicaron su valor con la inversión hecha por el Estado y los dedicaban plenamente a sembrado de granos; si el Ameghino dejaba de mandar agua a las lagunas, los inundados serían esos campos, algo que, a los poderosos de siempre, les resultaba inconcebible.


Sólo concedieron desde el Estado que una muralla o terraplén de contención se levante para impedir que la laguna Epecuén inunde la Villa Turística, una especie de paredón semicircular y circundante (ver foto aérea)  que a medida que el hemiciclo húmedo avanzaba, había que reforzar con más y más altura. Entrada la democracia en diciembre de 1983 las cosas no cambiaron, el gobernador Armendariz no tuvo el coraje de enfrentar a los poderosos terratenientes,  y cuanto más centímetros crecía el nivel del agua, más altura cobraba la muralla.
En octubre de 1985 el nivel del agua crecía tan rápidamente que la preocupación se hizo notoria, se avecinaba una nueva temporada y crecía el temor, pero se dijo desde el Municipio, una vez más, que otro refuerzo del muro sería suficiente y que si el agua sobrepasaba la muralla sería por muy pocos centímetros. 
Llegó la noche del 10 de noviembre de 1985, una sudestada con fuertes vientos y copiosa lluvia azotó la zona, un ruido ensordecedor y un rugir de las aguas se oyó pasada la una de la madrugada; la muralla había estallado y el agua se expandía sobre el balneario y todas las zonas de la Villa Epecuén con una velocidad devoradora. El impulso por salvar algo pronto se transformó en impotencia; la pesadilla en medio de la noche y la sudestada no daban lugar a ninguna esperanza, había que evacuar ya. Quienes tenían sus propiedades a algunas cuadras de la laguna tuvieron 48 horas más, en las que camiones, tractores, lanchas y botes llegaron desde Carhué y desde todas las localidades vecinas, pero nada alcanzaba, bomberos y rescatistas se movían con desesperación; pero el fin había llegado para la Villa Turística Epecuén.



Evacuación del Hotel Hispano Argentino



Hotel Hispano Argentino 30 años después
Cristo del Camino antes del 10-11-85


Cristo del Camino cuando las aguas llegaron hasta allí

Las aguas cubrieron todo en horas y no dejaron de crecer durante años, las calles de la Villa Epecuén quedaron a seis metros de profundidad y se ahogó por completo lo que fue el mayor complejo termal que tenía la Provincia. 

Las aguas aún hoy, treinta años después, no regresaron del todo al nivel que tenían en 1985. En su retirada,  dejaron ver desnuda la tragedia; escombros por doquier, algunos hierros retorcidos, y muchos árboles blancos de sal, muertos, con sus cortezas despellejadas hasta el pié mostrándonos lo desgarrado del paisaje. 



Se prometieron indemnizaciones a quienes perdieron todo, pero muchos meses después, sólo le ofrecían el 50% de la valuación fiscal, es decir, nada. Los pocos que podían esperar hicieron juicios, claro que los abogados se quedaron con el 40% o más luego de más de veinte años de pleito judicial. 



Se prometieron casas en Carhué, pero sólo se entregaron unas pocas casillas de madera muy precarias y sin nada adentro para quienes habían perdido todo. Algunos se fueron en esos mismos días sin esperar nada, callados, derrotados y nunca nadie más los vio. 





Los mayores de 50 o 60 años jamás se sobrepusieron a la tragedia, volver a empezar era imposible; un dueño de hotel logró jubilarse como empleado en una ferretería. Si se les pide un testimonio, un recuerdo, suspiran profundo, tragan dolor, se le llenan los ojos de lágrimas y los labios de silencio.

Lo sucedido en Epecuén no fue un designio de la naturaleza, hubo intención manifiesta de beneficiarse sin importar el costo, hubo especulación y desidia; en la otra orilla de la laguna, se ven campos sembrados, verdes, fértiles y sin culpa alguna. 



3 comentarios:

  1. TODOS NOS IGNORARON...ALGUNOS NO COBRAMOS NI UN CENTAVO JAMAS OLVIDAREMOS A RAUL ALFONSIN-DOCTOR ARMENDARIS (DE SALADILLO) GOBERNADOR Y RAUL GONZALEZ INTENDENTE...NADIE NOS DEFENDIO...LAS AUTORIDADES FUERON CÓMPLICES DE ESTE DESASTRE QUE PASO Y YA ESTA EN EL OLVIDO NUNCA RECIBIMOS AYUDA DE NADIE NUNCA NOS DIJERON LA VERDAD DE LO QUE SE VENIA , NOS TAPARON DE AGUA , TODA EL AGUA QUE SOBRAVA EN LA PROVINCIA LA MANDABAN PARA LAGO EPECUEN .....

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